
David Ed Castellanos Terán
@dect1608
Hay algo que siempre me ha llamado la atención del futbol mexicano.
Cuando un equipo atraviesa una mala racha, los directivos organizan conferencias, renuncian al director técnico y presentan proyectos con grandes refuerzos y prometen que ahora sí viene la remontada para buscar el campeonato. En otros casos venden todo el equipo.
El problema es que el marcador ya fue, y ahora están en zona de descenso.
Hace unas horas escuché al rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya Alvarado, hablar sobre investigación aplicada, innovación tecnológica, capacitación ganadera y alianzas estratégicas durante la apertura de un curso para productores pecuarios.
Y mientras eso sucedía, no podía dejar de imaginarme al rector como el nuevo presidente deportivo del club, que atraviesa una sequía de campeonatos, prometiendo algo grande, porque está apostando a la transformación de una institución longeva, sí, pero en realidad se trataba de una apuesta por el rescate de la industria ganadera que no vive tiempos sencillos.
El gobierno de la República de Andrés Manuel López Obrador, permitió que el gusano barrenador volviera a convertirse en una amenaza.
La sequía global sigue goleando.
Los costos de producción no dejan de subir, y los subsidios son una caricatura.
Los mercados internacionales son cada vez más exigentes.
Y los productores necesitan soluciones, no aplausos.
Por eso el periodo rectoral de Damaso no se queda callado; entiende, acepta y admite que la universidad tiene una responsabilidad enorme.
Cuando Dámaso afirma que las necesidades de los ranchos deben convertirse en necesidades de la universidad, está pronunciando la frase más importante de todo su rectorado.
Porque si eso ocurre de verdad, la UAT se convierte en el mejor socio que tenga el campo tamaulipeco, y se convierte en un gran protagonista, algo así como el gran salvador.
Porque recursos tiene.
Investigadores tiene.
Infraestructura tiene.
Prestigio también.
Lo que todavía está por verse es si tiene la velocidad suficiente para convertir todo eso en resultados.
Dámaso Anaya conoce el sector.
Viene de él.
Habla su idioma.
Entiende sus preocupaciones.
Y precisamente por eso las expectativas son mayores.
En la intimidad… hoy juega México, ¡cabrones!
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