Ai-Da recita sin dificultades, a pesar de su voz atípica. Aunque su métrica es incomprensible y los versos no permiten que las estrofas tengan sentido, existe algo extraordinario en cada una de sus palabras. Quizá sea la rapidez con la que comprendió y escribió un poema basado una de las obras más antiguas de la literatura –’La divina comedia‘ de Dante Alighieri–, quizá que declama su obra en una de las salas del Museo Ashmolean de Arte y Arqueología de la Universidad de Oxford a propósito de los 700 años del fallecimiento de Dante o quizá que la autora e intérprete de la pieza no es un ser humano, sino un robot con ‘capacidades artísticas’.
Esta es la historia del androide que no solo ‘sabe’ escribir poesía, también pinta, hace dibujos, talla esculturas, ofrece conferencias e incluso causó un conflicto internacional al ser acusada de espionaje
Todo comenzó como una idea. Una provocación, más que un intento por revolucionar el panorama artístico. En busca de un medio que pusiera a debate la ética en el arte y mostrara lo difusa que era la línea entre lo humano y lo virtual, el galerista Aidan Meller y la curadora de arte Lucy Seal llegaron a una idea poderosa: ¿y si el vehículo perfecto fuera un robot ultrarrealista?
En 2019, tras años de pruebas y errores, ‘nació’ Ai-Da, un humanoide robotizado nombrado en honor a la matemática Ada Lovelace, primera programadora computacional en la historia. Su diseño era simple pero ambicioso, pues tenía que retomar las características propias de una persona y adoptarlas en la medida de lo posible. La solución, propuesta por la compañía Engineered Arts era dotarla de una estructura forrada por piel sintética (hecha con silicona), dientes impresos en 3D y un peinado bob, establecido como el favorito de las mujeres de principios de siglo.
Este realismo innecesario conviviría además con dos brazos metálicos adecuados para tomar un lápiz o un cincel, cámaras espejo minúsculas en sus ojos y un ‘cerebro’ donde la Inteligencia Artificial (IA) ideada por estudiosos de Oxford retoma toda la información del arte de los últimos 20 siglos, la ‘entiende’ y dosifica para crear sus propias obras e incluso tener ‘influencias’ como Max Beckmann, Käthe Kollewitz y Pablo Picasso.
En el mismo año de su creación, Ai-Da debutó con una actuación en vivo en el St Hugh’s College, en Inglaterra. Ahí la robot –si es que se le puede asignar un género– demostró su habilidad para generar autorretratos y dibujos gracias al algoritmo que reproduce lo capturado por las cámaras en sus ojos y lo transforma en coordenadas que traza sobre papel.
Aunque el resultado es torpe, Ai-Da cumple con su espectáculo. Lo mismo sucedía con sus pinturas, guiadas sin más motivaciones que la repetición de patrones, la combinación de colores y la reproducción de información recibida y analizada por la IA. Prueba de ello quedó en el video de la canción ‘Yeah I Know‘ de la banda inglesa The 1975, donde la robot reaccionaba a la letra y creaba una pintura inspirada en su noción sobre la conciencia humana.

