LOS 43 SE PISAN CAMINANDO

Por La Libre

Por Edelmira Cerecedo García

Río Bravo terminó siendo mucho más que el municipio número 43 en la ruta de Américo Villarreal Anaya. Fue el cierre de una gira que, durante meses, llevó al gobernador por todo Tamaulipas y que terminó exactamente donde tenía que terminar: frente a la gente. Recinto lleno, abrazos, aplausos y una recepción que dejó claro que, cuando un gobernador decide salir de la oficina y meterse al territorio, la política cambia de escenario y también de temperatura.

Porque recorrer los 43 municipios no es precisamente una vuelta a la manzana. Son kilómetros, regiones, problemas distintos, realidades distintas y una lista bastante larga de gente que quiere ser escuchada. Américo decidió hacerlo municipio por municipio y llegó a Río Bravo después de completar la ruta. El último capítulo, curiosamente, terminó siendo uno de los más políticos, porque en esta tierra las diferencias entre gobiernos no son precisamente material secreto.

Y ahí estaba Américo, en medio del ruido político, haciendo algo bastante menos espectacular que pelearse: hablando de Tamaulipas. “Por encima de cualquier diferencia está Tamaulipas”, dijo. Y vaya que la frase encontró dónde caer. Porque mientras unos siguen contando diferencias, otros están contando kilómetros, obras, programas y municipios recorridos. La política tiene esas pequeñas ironías: a veces el mejor golpe no se da con un discurso incendiario, sino llegando al lugar donde algunos preferirían que no llegaras.
El gobernador llegó y la gente respondió. Esa fue la fotografía de Río Bravo. No hubo que explicarla demasiado ni ponerle flechas. El recinto lleno, los ciudadanos buscando acercarse, los abrazos y el ambiente de cierre de una gira que terminó convirtiendo al municipio 43 en el escaparate de la presencia territorial de Américo. Y sí, también estaba El Calabazo, Héctor Joel Villegas, poniendo el sello político de la casa y acompañando al gobernador en un cierre que tenía todos los ingredientes para convertirse en una postal de la Cuarta Transformación en Tamaulipas.

Pero Américo no llegó solamente a tomarse la fotografía. Llegó con números. Más de 3 mil 600 millones de pesos en inversión estatal y federal para Río Bravo durante estos cuatro años, además de recursos destinados a obra pública, programas sociales y desarrollo rural. Los números, como siempre, están para revisarse, compararse y discutirse; pero forman parte del balance que el gobernador llevó hasta el último municipio de su recorrido. Y ahí es donde el discurso empieza a tener otra dimensión: no solamente se trata de decir “estuvimos”, sino de explicar qué se hizo mientras se estuvo.

Luego vino el abrazo. “Nosotros abrazamos porque transformamos”, soltó Américo. Y en Río Bravo la frase tuvo una especie de doble lectura: abrazar al ciudadano, sí, pero también abrazar la idea de que las diferencias políticas no deberían convertirse en una barrera para gobernar. Una fórmula bastante menos escandalosa que el pleito permanente y, quizá por eso mismo, bastante más incómoda para quienes viven de él.

El Calabazo acompañó la escena y colocó su propio peso político en una jornada donde la presencia del gobernador terminó llevándose los reflectores. Porque al final, el protagonista era el hombre que acababa de completar los 43 municipios. No los 42 cómodos. No una selección estratégica. Los 43. Y el número final fue Río Bravo, con la gente llenando el recinto y convirtiendo el cierre en algo más parecido a una demostración de territorio que a una simple parada de agenda.

Así terminó la ruta: con Américo frente a la gente, con Tamaulipas como argumento central y con un mensaje que no necesitó demasiada decoración. Las diferencias pueden existir, los colores políticos pueden cambiar y los pleitos pueden llenar páginas enteras, pero el estado sigue siendo el mismo. Y mientras unos discuten quién tiene la razón, el gobernador decidió cerrar los 43 municipios caminándolos.
Río Bravo fue el último.
El abrazo fue la fotografía.
El territorio fue el mensaje.
Y los 43, finalmente, quedaron bajo los zapatos.

La mujer que recorrió Tamaulipas

34 informes municipales. 34 municipios donde Olga Sosa puso el territorio en el centro de su agenda. La senadora acompañó buena parte del recorrido del gobernador Américo Villarreal, pero su presencia terminó teniendo una lectura propia: escuchar, reconocer y mantener interlocución directa con los gobiernos municipales.

En la frontera, el Altiplano, el centro y el sur, Olga fue construyendo una agenda a ras de tierra. En Camargo y Díaz Ordaz reconoció a las alcaldesas Ernestina Perales Ortiz y Nataly García Díaz; en Miquihuana y Bustamante hizo lo propio con Gladis Magalis Vargas Rangel y Maricela Rodríguez González.

Pero el capítulo con mayor lectura política estuvo en la zona cañera.
En Gómez Farías acompañó a Frank Yussef de León Ávila y reconoció las acciones de su administración. En Xicoténcatl estuvo con Mariela López Sosa, destacando los resultados municipales y el proyecto CREA.
Ahí Olga mostró otra faceta de su recorrido: la interlocución con gobiernos de distinto signo político. No se trató solamente de asistir; fue escuchar, reconocer y mantener abierta la relación institucional.
Ese es quizá el dato que deja esta gira.
Olga Sosa no recorrió los 43 municipios, pero 34 informes le permitieron construir un mapa político y territorial propio, con nombres, necesidades, liderazgos y agendas de primera mano.
Ahora la pregunta cambia: ya no es cuántos municipios recorrió Olga.
Es qué hará desde el Senado con todo lo que Tamaulipas le puso sobre la mesa.
Porque una gira termina cuando se apagan los reflectores.

La política territorial empieza después.
maso y la nueva etapa de la UAT

La Universidad Autónoma de Tamaulipas está viviendo una etapa de transformación que empieza a tener rostros, resultados y proyectos concretos. Y en el centro de esa estrategia está el rector Dámaso Anaya Alvarado.
La apuesta es clara: fortalecer la infraestructura, elevar la calidad académica y llevar a la UAT a competir en escenarios nacionales e internacionales.

La Facultad de Derecho y Ciencias Sociales Victoria es un buen ejemplo. Con más de 31 acciones de modernización, nuevas aulas, espacios de estudio, laboratorios y tecnología, el plantel se prepara ahora para buscar la acreditación internacional de sus cuatro carreras y fortalecer su vinculación con instituciones públicas y privadas.

No es solamente construir edificios. La visión de Dámaso está poniendo el acento en algo más importante: que la infraestructura se convierta en mejores oportunidades para los estudiantes.
Y los resultados comienzan a aparecer.

Un profesor de la propia UAT, Orlando José Martínez Arvizu, fue seleccionado entre los tres mejores del Foro Estatal Docente STEM y obtuvo una acreditación que lo llevará en 2027 al Space Center Houston de la NASA.

Ese reconocimiento, en lo personal, me parece especialmente significativo. Porque demuestra que la transformación universitaria no se mide únicamente en metros cuadrados de obra, sino también en lo que sus maestros son capaces de lograr y en las oportunidades que pueden abrir para sus alumnos.

Derecho apunta a la acreditación internacional y un académico de la UAT llega a un programa de formación de la NASA.

Son dos historias distintas, pero con un mismo mensaje: la UAT está buscando jugar en otra liga.
Y esa es, precisamente, la apuesta que está impulsando Dámaso Anaya: una universidad más moderna, más vinculada con su entorno y, sobre todo, con la mirada puesta mucho más allá de Tamaulipas.

Si esta ruta mantiene el ritmo, el verdadero reto ya no será demostrar que la UAT puede transformarse.
Será demostrar hasta dónde puede llegar.

SE LO DEJÓ DE TAREA.

Post Author: Editor 1

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