CUATRO AÑOS DE GOBIERNO: CERCANÍA, RESULTADOS Y EL CONGRESO QUE VIENE.

Por La Libre

Por Edelmira Cerecedo García

En política hay algo que no se puede maquillar con discursos: la distancia con la gente.
Puedes tener un gabinete completo, una agenda llena, buenos boletines y cifras que luzcan impecables en una presentación… pero cuando un gobernador decide salir del escritorio, recorrer su estado y encontrarse directamente con los ciudadanos, la percepción empieza a construirse de otra manera.

Y eso es justamente lo que ha marcado estos cuatro años de Américo Villarreal Anaya al frente de Tamaulipas.
Porque si algo ha distinguido esta etapa de gobierno es el acercamiento directo con los tamaulipecos.
No solamente el gobernador en Ciudad Victoria recibiendo funcionarios.

El gobernador recorriendo los 43 municipios.

Acompañando a alcaldes y alcaldesas.
Escuchando demandas.
Conociendo necesidades.
Compartiendo con comunidades.

Y entendiendo que Tamaulipas no termina en el escritorio del Palacio de Gobierno.
Eso tiene un valor político evidente.

Porque recorrer los municipios tiene una pequeña complicación: la realidad no siempre coincide con el discurso.
Y cuando un gobernante está en territorio, la gente no le entrega solamente aplausos.

También le entrega pendientes.
Le habla de caminos, agua, salud, escuelas, seguridad, campo, empleo y de obras que siguen esperando.
Y ahí es donde la cercanía deja de ser un concepto bonito para convertirse en responsabilidad.

Por eso el encuentro “Cuatro años transformando Tamaulipas” no puede leerse solamente como una celebración del aniversario de gobierno.
Es también una pausa para revisar lo avanzado y, sobre todo, preguntarse qué sigue.

Porque cuatro años permiten hacer balance.
Pero todavía quedan dos años para demostrar hasta dónde puede llegar una administración cuando ya conoce el territorio, tiene experiencia, estructura y ha identificado buena parte de sus pendientes.
Y aquí aparece otro elemento importante.

El gobernador no estuvo solo.
Los secretarios representan las distintas áreas desde donde se ejecutan las políticas públicas.
Los alcaldes representan los municipios.
Los diputados y senadores, la parte legislativa y política.
Y los representantes de los diferentes sectores incorporan a esa conversación a quienes todos los días mueven la economía, la educación, la salud, el campo, las universidades, las organizaciones y la vida social de Tamaulipas.

Eso habla de una administración que busca mostrar coordinación.
Pero y aquí viene el pequeño asterisco la coordinación no se presume: se demuestra.

Se demuestra cuando una gestión estatal logra que una obra avance.
Cuando un municipio recibe respuesta.

Cuando un proyecto deja de ser anuncio y se convierte en infraestructura.
Cuando una política pública llega al ciudadano que no tiene padrino, cargo ni micrófono.

Ahí está el verdadero reto.
Porque la transformación no se mide únicamente desde el salón donde se presenta.

Se mide afuera.
En las calles.
En los ejidos.
En las colonias.
En las comunidades.
Y ahí, precisamente ahí, es donde el contacto directo que ha mantenido Américo Villarreal adquiere importancia.

Porque quien escucha de frente también adquiere compromisos de frente.
Y cuatro años después, Tamaulipas ya tiene elementos suficientes para revisar una administración que ha hecho de la cercanía con la gente uno de sus principales sellos.

Ahora viene la parte interesante:
consolidar lo construido.
No basta con decir que se avanzó.
Hay que sostenerlo.
No basta con anunciar nuevas metas.
Hay que cumplirlas.
Y no basta con que el gobernador esté cerca de la gente.
Necesita que todo el aparato que lo acompaña responda con la misma velocidad.
Porque un gobierno no se mueve solamente desde la oficina del gobernador.
Se mueve desde cada secretaría, cada municipio, cada dependencia y cada espacio donde una decisión termina afectando para bien o para mal la vida de un ciudadano.

Y precisamente por eso, después de cuatro años, hay una pieza que merece un capítulo aparte:

EL CONGRESO DE TAMAULIPAS.

Aquí también hay que reconocer que gobernar no significa solamente ejecutar.

Hay que construir acuerdos.
Y ahí entra el Poder Legislativo.
Este primero de octubre, la Legislatura 66 inició su tercer año de ejercicio constitucional, con un mensaje que no podía ser más oportuno: los tiempos electorales no deben detener el trabajo parlamentario.

Y si hablamos de quién ha tenido que hacer política dentro del Congreso, hay un nombre que inevitablemente aparece:
Humberto Prieto Herrera.

El presidente de la Junta de Gobierno ha tenido una tarea que desde fuera puede parecer sencilla, pero que dentro del Congreso requiere oficio:
cabildear.
Porque presidir no es solamente sentarse en la silla principal.

Es conseguir que las distintas voces encuentren puntos de coincidencia.
Es negociar.
Escuchar.
Convencer.
A veces ceder.
A veces sostener.
Y saber que en política no siempre gana quien habla más fuerte, sino quien logra que el acuerdo salga adelante.

Por eso me atrevo a ponerle un apodo:
el pastor del Congreso.
No porque todos piensen igual.
Sino precisamente porque tiene que conducir un rebaño donde cada diputado trae su propia agenda, su distrito, sus intereses, sus grupos y sus aspiraciones.

Y vaya que eso requiere paciencia.
La propia Junta de Gobierno tiene entre sus funciones impulsar entendimientos y convergencias para alcanzar acuerdos dentro del Poder Legislativo.
Pero una cosa es leerlo en la ley y otra muy distinta es hacerlo realidad cuando las posiciones se encuentran frente a frente.
Ahí es donde entra el oficio político.

Y el propio Congreso ha destacado que, bajo la conducción de Prieto, la Legislatura 66 ha conseguido posicionarse entre los congresos mejor evaluados del país por su desempeño legislativo y construcción de acuerdos.
Eso no significa que todo esté resuelto.
Ni que el Congreso tenga patente de corso.
Al contrario.
Una buena evaluación aumenta la responsabilidad.
Porque ahora viene el tercer año.

Y este será particularmente interesante.
El presidente de la Mesa Directiva, Elifa Gómez, fue claro al asumir la conducción: los tiempos electorales no pausarán el trabajo legislativo y la prioridad debe seguir siendo la tarea parlamentaria.
Bien dicho.
Porque aquí viene la prueba de fuego.
Cuando el calendario político comienza a calentarse, algunos pueden empezar a mirar más hacia afuera que hacia el recinto.

Y ahí se verá quién mantiene la disciplina legislativa y quién comienza a confundir la tribuna con el templete.

El Congreso tendrá que seguir aprobando, discutiendo, reformando, fiscalizando y representando.
Y Prieto tendrá que seguir haciendo lo que mejor sabe hacer políticamente:
cabildear.
Porque mantener acuerdos cuando todos están tranquilos es relativamente sencillo.
Mantenerlos cuando empiezan a moverse los intereses políticos…
ahí es donde se conoce al verdadero operador.
Y esto conecta nuevamente con el Gobierno estatal.
Porque si Américo Villarreal ha construido durante estos cuatro años una relación de cercanía con los municipios y con los ciudadanos, necesita también que las instituciones funcionen como engranaje.

Gobierno estatal.
Ayuntamientos.
Congreso.
Poder Judicial.
Sectores sociales.
Sector productivo.
Universidades.
Todos tienen una responsabilidad distinta.
Y justamente ahí está la lectura que deja este cuarto aniversario.
La etapa de la cercanía ya tiene cuatro años recorridos.

Ahora viene la etapa de demostrar cuánto de esa cercanía puede convertirse en políticas que permanezcan.
Porque el ciudadano no vive de discursos.
Vive de resultados.
Y tampoco vive de promesas de temporada.
Vive de que aquello que hoy se anuncia siga funcionando mañana.
Por eso estos dos años que vienen serán importantes.
No solamente para el gobernador.

También para sus secretarios, para los alcaldes, para los diputados, para los senadores y para quienes desde cada área de gobierno tienen la responsabilidad de que Tamaulipas avance.
Y mientras algunos ya empiezan a mirar el tablero electoral…
otros tendrán que seguir mirando a la gente.
Porque al final del día, la política puede cambiar de nombres, de colores y de cargos.
Pero hay algo que no cambia:
el ciudadano sigue esperando respuestas.
Y ese, más que cualquier discurso, será el verdadero balance de estos cuatro años.

Se los dejo de tarea.

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Post Author: Editor 1

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