
POR LA LIBRE
Por Edelmira Cerecedo García
Morena está mostrando desgaste. Sus contradicciones internas, las disputas por las candidaturas y el costo de ejercer el poder están abriendo espacios para el cuestionamiento político. Pero aquí aparece una paradoja que merece análisis: mientras el partido gobernante enfrenta sus propios problemas, la oposición sigue sin demostrar cómo piensa convertir ese desgaste en una alternativa competitiva.
Y no, no basta con salir a declarar que Morena va perdiendo. ¡Eso hasta el más distraído lo puede ver!
El problema es qué sigue después del diagnóstico.
La oposición mexicana tiene un problema que ya no puede esconder detrás de sus discursos de unidad: lleva años perdiendo elecciones y todavía no termina de entender por qué. PAN y PRI han convertido sus alianzas en una especie de refugio electoral, pero juntar dos estructuras desgastadas no necesariamente construye una alternativa atractiva para los ciudadanos.
¡Vaya ambición política! Quieren conservar el registro, las oficinas, las dirigencias y, por supuesto, el presupuesto. Lo de ganar parece haberse quedado como un pequeño detalle administrativo.
El espectáculo opositor tiene sus particularidades: dirigentes que se reúnen para anunciar unidad, personajes que se autoproclaman salvadores de sus partidos, alianzas que reviven cada temporada electoral y los mismos rostros de siempre explicándole a la ciudadanía por qué ahora sí tienen la fórmula para derrotar a Morena.
¿Y las propuestas? ¿Y los nuevos liderazgos? ¿Y la organización territorial? ¿Y el trabajo ciudadano que no dependa de una conferencia de prensa o de una fotografía para redes sociales?
Porque ser oposición no significa vivir de criticar al gobierno. Significa construir una propuesta que pueda competir con él, convencer a los ciudadanos y demostrar que existe una alternativa más allá del rechazo a Morena.
La oposición no puede seguir confundiendo el descontento ciudadano con votos automáticos. Tampoco puede pretender que la gente olvide sus propios antecedentes solamente porque ahora encontró un enemigo común.
Y aquí viene la pregunta incómoda: ¿realmente quieren recuperar el poder o ya encontraron mayor comodidad administrando la derrota?
Porque si Morena enfrenta problemas y sus adversarios no consiguen convertirlos en una propuesta política reconocible, el problema no está solamente en quien gobierna. También está en quienes dicen querer sustituirlo.
En política, anunciar que el adversario se está debilitando no es una estrategia electoral. Es apenas el principio de una tarea que, por lo visto, algunos todavía no empiezan.
En Tamaulipas
La oposición: todos quieren jugar, pero nadie arma el equipo
En Tamaulipas la oposición tiene enfrente una oportunidad política que no aparece todos los días. El desgaste de los partidos, las diferencias internas de Morena y el movimiento anticipado de sus cuadros rumbo al 2027 abren un escenario que cualquier fuerza política con oficio debería estar analizando con seriedad.
Pero no. Aquí parece que cada partido juega su propio campeonato y, de paso, se mete goles en su propia portería.
Empecemos por el Verde. Manuel Muñoz Cano tiene una estructura que quiere hacer valer, pero las tensiones por los espacios y las coordinaciones dentro de la alianza con Morena y el PT demuestran que la palabra unidad también tiene sus letras chiquitas. Tanto que a veces los aliados terminan discutiendo quién lleva el balón antes de llegar a la cancha.
Movimiento Ciudadano, con Gustavo Cárdenas al frente de su operación estatal, tiene una posición que merece definirse: ¿será una fuerza con proyecto propio o seguirá dejando abierta la puerta para ver qué oferta política resulta más conveniente? Porque una cosa es construir una alternativa y otra muy distinta esperar a que alguien llegue con el menú de posiciones bajo el brazo.
Del PRI, Bruno Díaz Lara tiene una tarea que no se resuelve repartiendo discursos ni recordando glorias electorales. Necesita reconstruir presencia, revisar sus cuadros y demostrar qué tiene para ofrecer en los 43 municipios. La nostalgia por los tiempos del carro completo no sustituye una estrategia.
Y en el PAN, Gloria Garza Jiménez y César Verástegui Ostos ya comenzaron a mover sus estructuras mediante coordinaciones municipales. Jorge Romero vino a Tamaulipas a entregar nombramientos y hay nombres como Jorge Alberto «Tico» García en Victoria y Sheyla Palacios en Mante. Pero una cosa es distribuir coordinaciones y otra muy distinta construir acuerdos, definir perfiles y resolver quién tiene posibilidades reales de representar al partido en cada municipio.
Porque si algo necesita la oposición es dejar de confundir organización territorial con reparto anticipado de posiciones.
Y aquí viene la pregunta incómoda: ¿ya se sentaron PAN, PRI y Movimiento Ciudadano a revisar municipio por municipio qué perfiles tienen, dónde pueden construir acuerdos y qué proyecto ofrecerían a los tamaulipecos? ¿O primero van a repartir los cargos y después van a preguntarse para qué querían la alianza?
¡Vaya manera de preparar una competencia!
Mientras tanto, Morena tiene una ventaja que no necesariamente depende de sus adversarios: ocupa buena parte de la conversación política y sus movimientos internos obligan a los demás a reaccionar. Y la oposición, en lugar de construir una agenda propia, corre el riesgo de convertirse en espectadora de las decisiones ajenas.
Tamaulipas tiene una pluralidad política que merece algo más que partidos administrando sus cuotas, dirigentes cuidando sus parcelas y aspirantes haciendo fila para ver qué les toca.
Por primera vez en mucho tiempo, los distintos colores tienen la oportunidad de demostrar qué representan, qué liderazgos conservan y qué proyecto pueden construir para el estado.
Pero aquí está el detalle: los del Verde parecen estar calculando sus espacios; MC no termina de despejar sus propias incógnitas; el PRI necesita demostrar que todavía tiene músculo y el PAN anda colocando piezas en el mapa.
Y todos, absolutamente todos, parecen estar pendientes de lo que haga un solo color.
La ironía es monumental: quieren competir contra Morena, pero Morena termina marcándoles el calendario, los tiempos y hasta buena parte de la conversación.
A ver, señores dirigentes: ¿van a construir una oposición con proyecto, candidatos y propuestas, o vamos a tener que esperar a que Morena les mande la invitación para que sepan cuándo empieza la fiesta?
Porque una elección no se gana con nombramientos, fotografías de reuniones ni declaraciones de unidad.
Y mucho menos esperando que el adversario se equivoque mientras uno sigue buscando dónde acomodarse.
SE LOS DEJO Y MUCHO DE TAREA.
UAT: la investigación también pone a Tamaulipas en el mapa
La Universidad Autónoma de Tamaulipas está dando señales de que la vida universitaria no se limita a las aulas, los discursos y los actos protocolarios. Hay resultados que merecen atención: 13 proyectos colocados en el Encuentro de Jóvenes Investigadores Tamaulipas 2026, una publicación científica en la prestigiosa revista internacional PNAS, en colaboración con investigadores de Harvard, y una Feria del Libro que busca acercar la literatura, el teatro y las tradiciones a nuevas generaciones.
Lo interesante está en la diversidad. Mientras estudiantes desarrollan propuestas sobre tecnología, sustentabilidad, salud y soberanía alimentaria, investigadores de la UAM Reynosa Aztlán participan en un trabajo científico internacional sobre bacterias y enfermedades alérgicas de la piel. A esto se suma una apuesta cultural que lleva danza, teatro, autores y actividades infantiles al encuentro con la sociedad.
El rector Dámaso Anaya Alvarado ha puesto sobre la mesa una visión que busca ampliar el alcance de la institución: más investigación, mayor vinculación internacional y una Feria del Libro que gradualmente pueda extenderse al centro y norte de Tamaulipas.
Y aquí está el punto: una universidad pública no solamente se mide por sus matrículas o sus edificios, también por lo que producen sus estudiantes, por el conocimiento que generan sus investigadores y por la cultura que consiguen acercar a la sociedad.
Que la UAT publique junto a instituciones como Harvard, impulse a jóvenes científicos y abra espacios para la lectura y las tradiciones es una combinación que vale la pena destacar.
Porque el prestigio universitario no se decreta desde un escritorio; se construye con investigación, talento, resultados y oportunidades.

